Cuando
prodigas en mí
halos
y brisas
se
ruboriza la palabra
que
sale de la boca del amor.
Cuelgo
el mundo
en
mi espalda de agua y arena.
Que
nadie me requiera
ni
pretenda mi atención.
Se
apresura el pensamiento
a
la desnudez de nuestra entrega,
vincula
pétalos y esqueje
en
suspiro de tierra humedecida.
No
hay espacio entre cuerpo y deseo,
afirmo
que en ti pierdo la cordura
al
rumor de tu boca me embeleso
y
reposo extinguida en el latido de tus manos.
Dime
que colmo el cielo de tus ojos,
que
se enciende el silencio
al
borde de mis labios incandescentes.
Custodiada
en tu cuerpo,
mi
piel es lirio abierto
que
acorta la distancia
entre
vaivenes cristalinos.
En
mi vientre afloran tus dedos luminosos,
tus
entrañas se acomodan
en
mis pechos desnudos.
Bebo
la copa de la tierna caricia
y
en cada pulso te entrego sin reserva,
mi
esencia de mujer.
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